Tu avance quedó guardado en este celular.
El cuento que García Márquez nunca escribió.
Aquí vas a leer un cuento corto y después lo vas a contar aquí mismo, con tres frases sacadas del cuento. Ahí vas a ver por qué a veces entiendes todo lo que lees y aun así se te escapa lo más importante. Y sales con cinco herramientas para que no te vuelva a pasar.
👆 No lo toques: déjalo presionado un segundo
Tu nombre solo aparece en tu certificado. No sale de tu celular.
Está hablando de los de tu edad. O sea, de ti. ¿Y tú qué haces?
Eso le pasó a un estudiante de derecho de 20 años. Nunca había escrito un cuento.
Escribió uno para callar al crítico y se lo mandó al periódico.
El crítico lo publicó y escribió que se había equivocado.
Ese muchacho ganó después el Premio Nobel. Y su cuento es el que vas a leer hoy.
Años después lo invitaron a dar una charla en Caracas. Arrancó pidiendo permiso para hablar sentado, porque si se paraba se caía del miedo. Y antes había intentado hacerse el enfermo para no ir.
El mejor escritor de América, muerto del susto delante de un salón. Igualito que tú antes de una exposición.
Fueron 19 años.
Esa noche dijo algo raro para alguien ya famoso: que escribir se le hacía más difícil mientras más practicaba.
Nunca se le volvió fácil. Él se volvió capaz.
Con la lectura pasa igual. Te va a seguir costando trabajo, y cada vez vas a poder con más. Eso se gana el día que practicas sin ganas.
Esa misma noche, sentado y muerto de miedo, contó un cuento. Nunca lo escribió. Alguien en el salón lo anotó, y por eso lo puedes leer hoy.
Toca el botón, el cronómetro arranca solo y el cuento se ve nítido. Cuando llegues al final tocas «Ya terminé», y ahí sabes a qué velocidad leíste.
Gabriel García Márquez · publicado en el Magazin Dominical, Caracas, 3 de mayo de 1970
Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde: «No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo».
El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice: «Te apuesto un peso a que no la haces». Todos se ríen. El se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Y él contesta: «Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo».
Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mama, o una nieta o en fin, cualquier pariente, feliz con su peso dice y comenta:
—Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.
—¿Y por qué es un tonto?
—Porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.
Y su madre le dice:
—No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen...
Una pariente oye esto y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero: «Deme un kilo de carne», y en el momento que la está cortando, le dice: «Mejor córteme dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado». El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar su kilo de carne, le dice: «Mejor lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas». Entonces la vieja responde: «Tengo varios hijos, mejor deme cuatro kilos...». Se lleva los cuatro kilos, y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata a otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo en el pueblo está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto a las dos de la tarde, alguien dice:
—¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?
—¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!
Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.
—Sin embargo —dice uno—, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.
—Pero a las dos de la tarde es cuando hace más calor.
—Sí, pero no tanto calor como ahora.
Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz: «Hay un pajarito en la plaza». Y viene todo el mundo espantado a ver el pajarito.
—Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.
—Sí, pero nunca a esta hora.
Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.
—Yo sí soy muy macho —grita uno—. Yo me voy.
Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde todo el pueblo lo ve. Hasta que todos dicen: «Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos». Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo. Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice: «Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa», y entonces la incendia y otros incendian también sus casas. Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio que le dice a su hijo que está a su lado: «¿Viste, mi hijo, que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?»
Vas muy rápido para 720 palabras. Si de verdad lo leíste, sigue. Si te lo saltaste, léelo con calma.
palabras por minuto ·
Esta cifra quedó marcada como aproximada, así que no va en tu certificado. La próxima vez, mide con calma.
Sin entrenamiento, casi todo el mundo lee entre 150 y 250 palabras por minuto. Con práctica LIRA se puede pasar de 1.000 comprendiendo.
Ya sabes qué tan rápido lees. Falta lo importante: si el cuento te quedó armado en la cabeza.
Toca tres frases del cuento, tal como están, sin poner una palabra tuya. El orden en que las toques es el orden en que se van a ver.
0 de 3 elegidas
Así te cuentan las cosas todos los días. Un titular. Un reel recortado. La captura de una conversación. Cada pedazo es verdad. El sentido completo, no.
La primera te sale sin pensar. La segunda decide si de verdad entendiste.
Y la segunda es la que te cobran. En un examen, las preguntas que más pesan te preguntan para qué está ese párrafo ahí, quién dice esa frase y cuál es la idea que sostiene todo. Por eso sales sintiendo que entendiste y te llega la nota baja.
Afuera del colegio te cobra de otra forma. Reenvías el audio. Entras a la pelea del chat. Compras la carne porque todo el mundo está comprando.
Hoy te llevas cinco herramientas para armar el todo. Las practicas aquí mismo, con este cuento.
Abajo están las seis frases, revueltas. Toca primero la que se dijo primero, y así hasta la última. Cada una que aciertes sube a la cadena de arriba.
Fíjate en la prueba que convenció al carnicero: la gente estaba comprando carne. Y estaba comprando carne por el rumor.
El rumor fabricó su propia prueba.
En un texto, no todo lo que está escrito lo dice el autor. Si confundes la voz del que cuenta con la de un personaje, entiendes lo contrario de lo que te están diciendo. Ese error es el que más puntos te cuesta.
Son tres cortes. Toca uno, lee qué se cae y sigue con el siguiente.
0 de 3
Cada parte de un texto está haciendo un trabajo: presentar, dar un ejemplo, contradecir, empujar, cerrar. Cuando sabes qué trabajo hace cada parte, sabes dónde estás parado.
Primero arrastra el dedo por encima de la letra chiquita de abajo: sale una lupa y la puedes leer completa. Después toca las dos partes del aviso que no pueden ser verdad al mismo tiempo.
🔍 Arrastra el dedo sobre la letra chiquita
Ahora la pregunta fina.
Arriba dice «DATOS ILIMITADOS» y abajo dice «después de 8 GB la velocidad baja a 1 Mbps». ¿Esas dos se contradicen?
¿Para qué pusieron el bus? Para que te imagines la película entera, sin que se trabe, todos los días.
Si vieras el aviso de pasada te quedarías con que por 29.900 al mes ves películas a toda velocidad. Y eso no está escrito en ninguna parte.
Ninguna palabra del aviso es mentira. El aviso completo, sí.
Si estás en silencio, esto es lo que dice: «Ey, parce, dizque mañana no hay clase. Eso fue lo que me dijeron. Pásalo.»
Antes de reenviarlo, tres preguntas. Tócalas.
Te sirven para un texto del colegio, para un audio del grupo y para el contrato que algún día vas a firmar. Ábrelas una por una y haz lo que te pide cada una.
Otra vez tres frases, en el orden en que las toques.
0 de 3 elegidas
En el cuento pesaron las cuatro. Y la que más pesó fue la prueba que el mismo rumor fabricó.
Nadie en ese pueblo era bruto. Cada uno entendió perfectamente la frase que le dijeron. Lo que ninguno hizo fue armar el todo. A ti te pasa lo mismo el día que lees rápido y sales sin saber qué decía.
Eso se entrena leyendo, un rato todos los días, aunque no haya ganas. Que es lo que estás haciendo en el programa. Cada módulo te deja leyendo más rápido, y esta capa es la que hace que esa velocidad te sirva.
Acuérdate de cómo empezamos: al que escribió este cuento le dijeron que su generación no servía para nada, y se demoró diecinueve años pensando su mejor libro. Nunca se le volvió fácil. Se volvió capaz, practicando. Tú vas en eso.
Sin costo · Respondemos el mismo día
Un regalo. Así empieza el cuento, contado en voz alta.
Texto: Gabriel García Márquez, «Algo muy grave va a suceder en este pueblo», contado de viva voz y publicado en el Magazin Dominical, Caracas, 3 de mayo de 1970. Se reproduce completo y sin cambios, con fines didácticos, en la asesoría gratuita de LIRA.
Ilustración de portada: caricatura vectorial en dominio público.