Tenías el taller a medias.
Gabriel García Márquez
Todo empieza con una frase que una señora dice en el desayuno. Lo que pasa después no te lo voy a contar.
Hoy lees el cuento completo, tal como él lo contó, y al final me dices qué fue lo que pasó ahí. Dura como 45 minutos y te llevas tres herramientas que sirven para cualquier texto del colegio.
Taller de LIRA · Lectura Avanzada · 8 a 13 años
Tu nombre va en el certificado del final.
¿En qué grupo estás?
No hay respuesta mala. Guarda la tuya y al final la vuelves a mirar.
«Las nuevas generaciones de escritores no ofrecen nada.»
— Eduardo Zalamea Borda, en El Espectador, 1947
Un muchacho de 20 años leyó eso. Nunca en su vida había escrito un cuento.
Si te lo dijeran a ti, ¿qué harías? No hay respuesta mala: toca la tuya.
Escribió uno esa misma semana, solo para callarlo, y lo mandó al periódico.
El periódico se lo publicó —«La tercera resignación», 13 de septiembre de 1947— y el crítico escribió después que se había equivocado.
Ese muchacho se llamaba Gabriel García Márquez y años después ganó el Premio Nobel. El cuento que vas a leer hoy es de él.
Una cosa más, para cuando algo te dé susto.
Ya famoso, lo invitaron a hablar frente a mucha gente en Caracas. Pidió permiso para hablar sentado, porque si se paraba se caía del miedo. Antes había intentado hacerse el enfermo para no ir.
Esa noche, sentado y muerto del susto, contó el cuento que vas a leer. Nunca lo escribió: lo contó hablando, y alguien lo copió tal cual.
Una frase va a pasar por cuatro bocas. Mantén el dedo apretado en el botón hasta que la frase llegue a la siguiente persona. Suéltalo antes de tiempo y no pasa.
Mira lo que pasó. La primera dijo «me parece». La última ya dice que va a pasar, y nadie sabe quién lo dijo primero.
Nadie mintió. Cada uno repitió lo que oyó y le quitó un pedacito.
Guárdate esto para después.
Ármalo en tu cabeza como una película: un pueblo caliente, una señora vieja, dos hijos. Cuando termines, tocas «Ya terminé» y te digo a qué velocidad leíste.
Gabriel García Márquez · publicado en el Magazin Dominical, Caracas, 3 de mayo de 1970
Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde: "No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo".
El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice: "Te apuesto un peso a que no la haces". Todos se ríen. El se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Y él contesta: "Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo".
Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mama, o una nieta o en fin, cualquier pariente, feliz con su peso dice y comenta:
—Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.
—¿Y por qué es un tonto?
—Porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.
Y su madre le dice:
—No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen...
Una pariente oye esto y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero: "Deme un kilo de carne", y en el momento que la está cortando, le dice: "Mejor córteme dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado". El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar su kilo de carne, le dice: "Mejor lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas". Entonces la vieja responde: "Tengo varios hijos, mejor deme cuatro kilos...". Se lleva los cuatro kilos, y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata a otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo en el pueblo está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto a las dos de la tarde, alguien dice:
—¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?
—¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!
Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.
—Sin embargo —dice uno—, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.
—Pero a las dos de la tarde es cuando hace más calor.
—Sí, pero no tanto calor como ahora.
Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz: "Hay un pajarito en la plaza". Y viene todo el mundo espantado a ver el pajarito.
—Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.
—Sí, pero nunca a esta hora.
Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.
—Yo sí soy muy macho —grita uno—. Yo me voy.
Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde todo el pueblo lo ve. Hasta que todos dicen: "Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos". Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo. Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice: "Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa", y entonces la incendia y otros incendian también sus casas. Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio que le dice a su hijo que está a su lado: "¿Viste, mi hijo, que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?"
Toca aquí y arranca el cuento
El reloj empieza cuando toques. Nadie te está corriendo: lee como lees siempre.
Cinco palabras del cuento, por si no las conoces: presentimiento (algo te parece, pero no lo sabes) · carambola (un tiro de billar) · brea (un pegante negro y pegajoso) · carreta (un carro de madera que jala un animal) · éxodo (cuando toda la gente de un lugar se va al mismo tiempo).
Este cuento ya lo leíste. Puedes releerlo aquí las veces que quieras.
0:00
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palabras por minuto
Tres preguntas rápidas para ver qué tanto se te quedó.
Sin volver a mirar el cuento. ¿De qué se trataba? Diez palabras o menos, empezando por quién hace qué.
Guardada. Al final del taller la vas a escribir otra vez, y lo que cambie entre las dos es lo que aprendiste hoy.
La frase pasó por seis bocas. En cinco se repite; en la sexta ya nadie habla de ella y alguien simplemente actúa. Tócalas en orden. Si te equivocas, te lo digo y sigues.
Aquí se va armando la cadena.
Ahora la pregunta que vale. En uno de esos seis pasos el presentimiento dejó de ser de alguien y se volvió un hecho del pueblo. ¿En cuál?
¿Te acuerdas del teléfono roto del principio? Era esto mismo, pero de juego. Aquí la frase pasó por seis bocas de verdad y al final el pueblo se fue.
En el cuento habla mucha gente. Lee la frase y toca de qué boca salió.
Ninguna de esas frases la dice el autor. Él solo cuenta lo que dijeron los demás. Cuando confundes la voz de un personaje con la del que escribe, entiendes lo contrario de lo que dice el texto.
Debajo de cada pedazo hay una barra amarilla. Pon el dedo en la barra y déjalo ahí, sin levantarlo: mientras lo sostienes, ese pedazo desaparece del cuento y te digo qué pasa si no existiera.
Te faltan 3
Cada parte de un texto está haciendo un trabajo. Una presenta, otra da un ejemplo, otra empuja, otra cierra. Cuando sabes qué trabajo hace cada parte, ya no te pierdes.
Si no tienes sonido, esto es lo que dice: «Ey, parce, dizque mañana no hay clase. Eso fue lo que me dijeron. Pásalo.»
Antes de pasarlo, tres preguntas. Tócalas una por una.
El carnicero del cuento y el grupo del salón son lo mismo. La prueba de que algo va a pasar es que todo el mundo lo está repitiendo. Y eso no prueba nada.
Ábrelas una por una y haz lo que pide cada una. Lo que escribas queda en tu certificado.
Marca lo que te comprometes a hacer. Va en el certificado con tu nombre.
Ya tenía libros famosos y dijo que escribir se le hacía más difícil mientras más practicaba.
Nunca se le volvió fácil. Él se volvió capaz.
Con la lectura pasa igual. Te va a seguir costando trabajo, y cada vez vas a poder con más. Eso se gana los días en que practicas sin ganas.
acabas de leer completo el cuento de Gabriel García Márquez
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palabras por minuto
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LIRA · Lectura Inteligente · taller de la semana