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Buenas. Hoy no vamos a hablar de lectura rápida. Vamos a hablar de ti, de un puente, y lo vamos a dibujar. Al final se lo llevan a casa.
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▶ = pasa al siguiente paso de la pantalla. Lo que va en cursiva es una indicación para ti.
Buenas. Hoy no vamos a hablar de lectura rápida. Vamos a hablar de ti, de un puente, y lo vamos a dibujar. Al final se lo llevan a casa.
¿Cuántas veces has dicho «luego lo hago» y ese luego nunca llegó? (esperas) Mañana empiezo, después leo, ahorita no tengo ganas. ▶
Ahora piensa en esto: si tu vida fuera un puente, ¿qué estarías dejando atrás? ¿Y qué estarías cruzando para llegar al otro lado? No contestes todavía. Déjala dando vueltas.
Hay cosas que no controlas. ▶ El ruido de afuera, los exámenes, el tiempo, lo que opinan de ti. ▶
Y hay una que sí: dónde pones tu atención.
Esta idea es de Epicteto, un filósofo estoico de hace casi 2.000 años. En su Manual de vida, el Enquiridión, lo primero que dice es esto: «Hay ciertas cosas que dependen de nosotros mismos, como la opinión, la inclinación, los deseos, la aversión, y en una palabra, todas nuestras operaciones. Otras hay también que no dependen, como el cuerpo, las riquezas, la reputación, los imperios». Dicho fácil: unas cosas las mandas tú y otras no.
Vamos a jugar. Yo les muestro una tarjeta y ustedes dicen en voz alta si depende de ti o no, antes de que aparezca la respuesta. Son ocho tarjetas: cada clic muestra una respuesta, y un noveno clic muestra la frase final.
Respuestas, en orden: cuántas páginas tiene el texto, no. Cómo lees ese texto, sí. El ruido del salón, no. Dónde pones tu atención, sí. El tiempo que te dan para estudiar, no. Cómo aprovechas ese tiempo, sí. Lo que opinan de ti, no. Practicar hoy, aunque sea poquito, sí.
▶ Fíjense: tu energía rinde más cuando va a lo que sí depende de ti. Epicteto lo dice así en el capítulo V: «Considera si es cosa que depende de ti; porque si no depende, dirás que no te toca». Esa es la pregunta que se van a llevar.
Hoy vas a soltar peso. Lo que cargas y no necesitas: ▶ la pereza, ▶ el miedo, ▶ el «luego leo».
Para soltarlo basta con nombrarlo. Sin juzgarte.
Y te llevas una mochila nueva. ▶ Foco, para elegir dónde pones tu atención. ▶ Calma, para los días difíciles. ▶ Y un hábito que te sigue fuera del salón: para estudiar, para el deporte, para la música, para tus decisiones. ▶
La lectura es tu atajo: entender mejor, estudiar en menos tiempo y tener más libertad. Y las prácticas del programa son ese entrenamiento: cortas, constantes y medibles.
Este es tu puente, y estás justo en el medio. ▶ Atrás queda lo que ya pasó: el cansancio, la distracción, los días que no quisiste leer. ▶ Adelante está lo nuevo: tu concentración, tu disciplina, tu serenidad. ▶
Saquen una hoja en blanco, un lápiz y sus colores.
Vamos a dibujar el puente en cuatro trazos. ▶ Uno, una línea larga: el piso. ▶ Dos, dos torres, una en cada lado. ▶ Tres, cables que bajan desde las torres. ▶ Cuatro, agua o vacío por debajo.
No tiene que quedar perfecto. Tiene que ser tuyo. Tienen tres minutos. (inicias el cronómetro con la barra espaciadora)
Ahora, en el lado izquierdo del puente, escribe lo que dejas atrás: hábitos, excusas, emociones o pensamientos que ya no te sirven. Cosas materiales, no. ▶
Por ejemplo: la pereza de practicar, decir «no puedo», el miedo a equivocarte, mirar el celular a cada rato. ▶ Escribe con sinceridad: nadie va a leer tu hoja. Cuatro minutos. (caminas entre los puestos y animas: «Eso es, sin miedo»)
Ahora, en el lado derecho, escribe lo que estás listo para recibir. ▶ Disciplina, concentración, paciencia, alegría, ganas de leer, constancia, confianza en ti. Esos son ejemplos: escribe los tuyos. ▶
Cada palabra que escribas es una promesa para tu mente. Tres minutos.
Ahora vamos a colorear el puente con los colores de tu decisión de avanzar. ▶ Si hoy te sientes con energía: rojos, naranjas, amarillos. Si estás en calma: azules y verdes. Si estás renaciendo: mezcla los dos. ▶
Mientras pintas, repite en silencio la oración de la serenidad: «Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo y la sabiduría para reconocer la diferencia». Se le atribuye a Reinhold Niebuhr, un teólogo estadounidense, y su origen exacto se discute. Va en la misma línea de Epicteto.
Y también sirve para leer: no puedes cambiar cuántas páginas tiene un texto, pero sí cómo lo lees. No puedes cambiar el tiempo que te dan para estudiar, pero sí aprovecharlo mejor. Cinco minutos.
Mira tu puente completo. ▶ Lo que dejaste atrás y lo que estás recibiendo. ▶
¿Qué necesitas hacer todos los días para seguir cruzando? (pausa) ▶ Díselo a tu compañero de al lado en una frase.
Última cosa en el dibujo: elige una sola palabra y escríbela grande arriba de tu puente. ▶ Puede ser constancia, avanzar, yo puedo, leer, crecer. ▶
Será tu ancla cuando llegue la pereza, el «no puedo» o las ganas de saltarte la práctica. Un minuto.
Cierren los ojos unos segundos y respiren con el círculo: inhalan, exhalan. ▶
Imaginen que cruzan el puente. Atrás queda su versión distraída, impaciente o temerosa. ▶ Adelante les espera una mente con más foco y más serena. ▶
Repitan en silencio: «Ya crucé el puente. Ya decidí avanzar».
Abran los ojos y miren su hoja. ¿Qué notaron al escribir lo que dejan atrás? (escuchas) ▶ ¿Y al escribir lo que reciben? ▶
¿Quién quiere decir su palabra puente en voz alta?
Se llevan cinco herramientas. ▶ Una, la estrella: separa. Pregúntate «¿esto depende de mí o no?», como decía Epicteto. Úsala cuando algo te frustre o te agobie. ▶
Dos, nombra y suelta: escribe en una frase lo que pesa, cuando notes pereza o miedo. ▶ Tres, tu palabra puente: dila en voz baja cuando te oigas decir «no puedo». ▶ Cuatro, tres respiraciones antes de leer o de estudiar. ▶ Cinco, un paso pequeño: una práctica corta hoy, cuando creas que no tienes tiempo.
¿Cuándo van a usar su palabra puente esta semana? ▶ ¿Con quién la van a compartir? (escuchas dos o tres respuestas) ▶
Y la próxima vez me cuentan cómo les fue.
Cada puente se cruza paso a paso. ▶ El de ustedes es personal: dejar atrás la pereza, la desmotivación, el miedo a fallar, y cruzar hacia la constancia, la serenidad y el compromiso con ustedes mismos. ▶
Epicteto lo resumía así: unas cosas dependen de ti y otras no. Pon tu energía en las primeras. ▶ En LIRA entrenan la lectura y también la constancia: la de volver a la práctica cuando no quieren.
Para despedirnos: cuando yo diga «¿Ya cruzaste?», ustedes gritan «¡YA DECIDÍ AVANZAR!». ▶ Tres, dos, uno… ¿Ya cruzaron? (¡YA DECIDÍ AVANZAR!) Otra vez, más fuerte. ¿Ya cruzaron? (¡YA DECIDÍ AVANZAR!) Gracias.
Citas de Epicteto: Enquiridión (Manual de vida), capítulo I y capítulo V, edición de textos.info. La oración de la serenidad se atribuye a Reinhold Niebuhr; su origen exacto se discute (Oficina de Servicios Generales de A.A., «Origen de la Oración de la Serenidad»).
▶ = pasa al siguiente paso de la pantalla. Lo que va en cursiva es una indicación para ti.
Hoy vamos a construir un puente. Un puente con colores. ¡Y lo van a dibujar ustedes!
¿Alguna vez algo les dio miedo o pereza y parecía un monstruo enorme? (manos) Miren este: es gigante, ¿cierto? ▶
Pero cuando se acercaron… ¡era chiquito! ▶ Hoy vamos a cruzar un puente.
Vamos a jugar. Yo les muestro una tarjeta. Si ustedes SÍ pueden hacerlo, ¡saltan! Si NO lo pueden mandar, ¡se quedan como estatua!
La lluvia: ¿puedo hacer que llueva o que pare? (estatua) ▶ Abrir mi paraguas: ¿puedo? (saltan) ▶ Que llegue la noche: (estatua) ▶ Pedir una lucecita: (saltan) ▶ Que alguien esté bravo: (estatua) ▶ Pedirle ayuda a un grande: (saltan) ▶
▶ Tú mandas en lo que haces y dices. Y siempre puedes pedir ayuda.
Si quieres, les cuentas que hace muchísimo tiempo un sabio llamado Epicteto decía que hay cosas que mandamos nosotros y otras que no.
Hay cosas que pesan, como una piedra en la mochila. ▶ La tristeza. ▶ El miedo. ▶ La rabia. ▶ La pereza. ▶
A todos nos pasa. No es tu culpa. Y cuando pesa mucho, se lo cuentas a un grande de confianza: tu mamá, tu papá, tu profe, a mí.
Y hay cosas que nos dan fuerza. ▶ La alegría. ▶ La valentía. ▶ El cariño. ▶ Las ganas de aprender. ▶ Leer. ▶
Cada letra que aprendes es un paso en tu puente.
Este es el puente. ¿Ven al niño? Está justo en el medio. ▶ De este lado se queda lo que pesa. ▶ Del otro lado está lo que da fuerza. ▶
Saquen su hoja en blanco y sus colores.
Vamos a dibujar el puente. ▶ Primero, una raya larga: el piso. ▶ Segundo, un arco grande, como un arcoíris. ▶ Tercero, dos patas. ▶ Cuarto, agua con olas.
No tiene que quedar perfecto. Tiene que ser de ustedes. (inicias el cronómetro; ayudas a quien no sepa por dónde empezar)
De este lado vamos a dibujar lo que pesa. Puede ser una nube de tristeza, un monstruo de miedo, un volcán de rabia, un caracol de pereza, o lo que ustedes quieran. ▶
Si saben escribir, escriban su nombre. Es de ustedes: nadie lo va a mirar.
Del otro lado, dibujen lo que les da fuerza: un sol de alegría, un escudo de valentía, un corazón de cariño, una estrella de ganas de aprender, un libro para leer. ▶ Esos son ejemplos: dibujen lo suyo.
¡Ahora, a colorear! Pinten su puente con los colores que les dan fuerza. ▶ Sin prisa. Salirse de la raya está permitido.
(caminas y felicitas: «Qué color tan fuerte», «Me encanta tu arcoíris»)
Miren su puente completo. ▶ ¿Qué dibujaron de este lado? ¿Y del otro? ▶ Cuéntenselo a su compañero.
Ahora, una palabra para arriba del puente: una palabra que les dé fuerza. ▶ Valiente, calma, alegría, leer, ¡yo puedo!
Escríbanla o dibújenla con su color favorito.
Cierren los ojos. Vamos a respirar como un globo: inhalen y el globo se infla; exhalen y se desinfla. ▶
Imaginen que cruzan su puente. ▶ Atrás se queda lo que pesaba. ▶ Adelante les espera lo que da fuerza. ▶ Díganlo bajito: ¡ya crucé el puente!
Abran los ojos. ¿Cómo se sintieron al dibujar? (escuchas) ▶ ¿Qué hay de este lado de su puente? ¿Y del otro? ▶
¿Quién quiere contar su palabra puente?
Se llevan cinco cosas. ▶ Una, la estrella: preguntarse «¿esto lo puedo yo?». ▶ Dos, ponerle nombre a lo que sienten: miedo, rabia, tristeza, pereza. ▶ Tres, contárselo a un grande. ▶ Cuatro, respirar como un globo. ▶ Cinco, su palabra puente, dicha bajito cuando digan «no puedo».
¿Cuándo van a usar su palabra puente esta semana? ▶ ¿A quién le van a mostrar su puente? (escuchas) ▶
Y la próxima vez me cuentan cómo les fue.
Cada letra que aprenden es un paso en su puente. ▶ Cuando algo pesa mucho, se lo cuentan a un grande. ▶ En LIRA practicamos un poquito cada día, y cada día cruzan un pedacito más.
Para despedirnos: cuando yo diga «¿Ya cruzaron?», ustedes gritan «¡YA CRUCÉ EL PUENTE!». ▶ Tres, dos, uno… ¿Ya cruzaron? (¡YA CRUCÉ EL PUENTE!) Otra vez, más fuerte. ¿Ya cruzaron? (¡YA CRUCÉ EL PUENTE!) Gracias.
La idea de lo que depende de uno y lo que no es de Epicteto, Enquiridión (Manual de vida), capítulo I.